Delante de casa, su madre le dio una cesta y le dijo: -¿Ves el camino? Al final de todo hay un manzano. Ve allí y llena la cesta de manzanas. La niña miró el camino. Era largo como una serpiente y no se veía el final. Después, miró la cesta. «¡Para llenarla de manzanas, tendré que subirme al manzano!», pensó. Y entu-siasmada con aquella idea, echó a andar.