Más allá de las controversias que la acompañan desde su institución como hecho cultural, a la corrida de toros le han sobrado tanto apologistas como detractores, y le han faltado pensadores. ¿Se trata de un espectáculo? ¿Una ceremonia? ¿Un juego? ¿Un combate? ¿Un arte? Lo único cierto es que lo que primeramente acontece como lucha a muerte entre un hombre y un animal nace atravesado por decisivas paradojas morales, pues el toro de lidia es el único ser vivo que ha de vivir libre para poder morir combatiendo. De este complicado careo se deriva lo demás, pues incluso si la corrida no fuera un arte, su práctica dialogaría con la esencia misma de la experiencia estética: dar forma a una materia bruta .la embestida del toro., crear belleza con su contrario .el miedo a morir. y exhibir algo real con lo que las demás artes solo pueden soñar. En Filosofía de la corrida de toros, Francis Wolff une su condición de reconocido experto en filosofía antigua a la de inquieto aficionado taurino, para trasladar al ruedo el rigor del pensador de estirpe clásica que aspira a conceptualizar todo aquello que intuitiva y sensoria