Hasta aquí hemos llegado. ¿Es posible el regreso a aquella voluntad que forjó un idealismo humanista? ¿Demasiado tarde? ¿Es posible el regreso a las fuentes de la inocencia? Somos brizna en los ciclos de un cosmos que, surgido del caos, tiende de nuevo a la propia descomposición.
No otro es el sentimiento que recorre este movimiento poético articulado como una jaculatoria de la desesperanza, como un oratorio laico o himno profano, mediante la síntesis de diferentes motivos míticos, tanto griegos como bíblicos, y articulado en diferentes etapas en las que confluyen diversas fases del ser individual, del ser social y el histórico, desde el origen genésico al apocalipsis final, pasando por los desafíos dionisíacos del deseo adolescente, el amor como impulso y como pérdida y el sentido trágico de la acción individual, en un lenguaje que tensa los límites de la expresión con las pulsiones de una realidad exasperada.