Una hija acusa. Una madre calla. Millones dictan sentencia.
Nueve segundos. Seis palabras. Un país ardiendo: «Mi madre mató a una mujer».
Lucía lo graba en el patio del colegio. En horas, el vídeo pasa de los grupos de padres a los platós. La acusada es su madre, Clara, maestra del mismo centro. Servicios sociales, policía de menores y una custodia en juego. Y algo peor: la sentencia inmediata de las redes.
Empiezan a surgir indicios perfectos: objetos del pasado colocados a tiempo, testimonios con memoria selectiva, audios pulidos al milímetro. Hay un guion. Hay manos. Con Marina, una abogada de oficio que muerde, y el inspector Ríos, Clara contraataca: desmonta el linchamiento digital, traza metadatos y líneas de tiempo, y pelea por recuperar la voz de su hija antes de que la mentira se haga prueba.
La palabra de mi hija es un thriller psicológico y judicial sobre maternidad, reputación y posverdad. Un descenso por cocinas, portales y salas de vistas donde nada es lo que parece y cada prueba puede ser un truco. Cuando el ruido manda más que un juez, la cuestión ya no es si Clara lo hizo, sino quién fabricó la historia que todos quieren creer. Y qué precio tendrá recuperarse.