Sus poemas nacen de la fricción entre lo mínimo y lo inmenso, de recuerdos que no se dejan olvidar, de objetos que insisten y de ideas que piden una forma nueva. En Materia y yo, la fascinación por la materia se vuelve íntima y obstinada.
Los poemas viajan, sin solemnidad y sin consuelo, por los mejores barrios de Zaragoza y los confines de la galaxia, sin abandonar el territorio irrenunciable: la materia de la que estamos hechos y a la que regresamos.