Cuando un niño desaparece, el mundo se detiene. Para la familia, la policía y los medios, comienza una cuenta atrás desesperada en torno a un abismo: la ausencia. Pero, ¿qué pasa con el niño que nadie encuentra? Camelia Cavadia nos sumerge en las dos caras de una misma moneda. Por un lado, el angustioso laberinto de quienes buscan a Teodor; por el otro, los pasos del propio niño, secuestrado siendo muy pequeño y obligado a crecer en un campamento de mendicidad. Para Teodor, ese lugar hostil es el único hogar que conoce y sus captores, la única familia que recuerda. Mi nombre es Teodor es una novela que conmueve por su dimensión humana. A pesar de la dureza de su premisa, la luminosa e inocente voz de su protagonista logra lo imposible: rescatar la ternura en medio de la pérdida y regalarle una sonrisa al lector cuando menos lo espera.