Su última novela, Mírame y no te escondas, es una muestra perfecta de su estilo: en un oscuro entramado de sucesos se debaten unos personajes terriblemente humanos que enfrentan su destino entre el dolor y el humor. Para regocijo de sus lectores, vuelve el inspector Ortega, más Ortega que nunca, para construir a su alrededor una de esas singularísimas familias que para los que seguimos a Cantalapiedra son ya uno de nuestros lugares felices. Los personajes de Mírame y no te escondas arrastran consigo un pasado que pesa, que condiciona, que en ocasiones determina, pero que nunca anula la posibilidad de redención o de cambio. La autora se adentra en sus psicologías con valentía, sin temor a mostrar las grietas, las heridas, las zonas oscuras que todos, en mayor o menor medida, tratamos de ocultar. Y lo hace con una empatía que evita el juicio fácil y con una lucidez que desarma. Mírame y no te escondas nos recuerda que el verdadero conflicto no siempre está en lo que sucede, sino en cómo lo afrontamos, en la capacidad -o incapacidad- de sostener la mirada ante nuestra propia historia.