Este libro está escrito desde el desacuerdo entre lo que somos y la mirada que intenta desdibujarnos. Una identidad que busca lo irreductible. Los poemas nacen de la necesidad de no conformarse: observar el mundo desde un ángulo desplazado y atender a lo que persiste.
Lo poético como percepción y disidencia: nombrar lo que ya no es invisible para descolonizar el lenguaje.
En los versos conviven guerras que trazan fronteras y mujeres -históricamente vigiladas, desposeídas- que aparecen como presencia activa. El deseo transformado en energía que interroga y resiste.
Sostener la alegría implica elegir la extrañeza: la poesía como voluntad de afirmarse, para nombrar y seguir en pie.
Observo a los colibríes
y veo asombro en sus alas.