CATOIRA Y LA ARMADA GALLEGA DE DIEGO GELMÍREZ LAS TORRES DE OESTE Y LA ROMERÍA VIKINGA

CATOIRA Y LA ARMADA GALLEGA DE DIEGO GELMÍREZ LAS TORRES DE OESTE Y LA ROMERÍA VIKINGA. TORRES DE OESTE Y ROMERIA VIKINGA LOS VIKINGOS EN GALICIA

Editorial:
CENTRAL LIBRERA
Año de edición:
Materia
HISTORIA
ISBN:
978-84-942667-1-3
Páginas:
60
Encuadernación:
paperback
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El escritor exiliado de Ferrol, Juan J. Burgoa, ha llevado a cabo un nuevo trabajo de carácter histórico titulado "Catoira y La Armada gallega de Diego Gelmírez", Se trata de un estudio histórico de la proyección naval de la costa de Galicia hacia el océano Atlántico durante la época medieval, estudiando la visión estratégica del arzobispo Diego Gelmírez en su labor de defensa del litoral gallego contra los ataques normandos y musulmanes, tanto en lo que se refiere a la potenciación de las fortalezas y defensas costeras como a la creación de una armada gallega basada en la ría de Arousa, reivindicando el papel de Diego Gelmírez como auténtico creador de la primera armada peninsular.

Diego Gelmírez
Diego Gelmírez ante Fruela Alfonso y Pedro Muñiz.
Manuscrito Tumbo de Toxosoutos (siglo XIII).

Diego Gelmírez (en gallego Diego Xelmírez; ¿Catoira/Santiago de Compostela?, c. 1068-Santiago de Compostela, c. 1140), fue el primer arzobispo de Santiago, e impulsó la construcción de la catedral de Santiago de Compostela.

Hizo escribir en latín el manuscrito Registrum, obra hoy conocida como Historia Compostelana o Hechos de D. Diego Xelmírez, primer arzobispo de Santiago, una compilación de documentos tanto desde el origen de los tiempos de la diócesis Compostelana, como de su propio gobierno episcopal. Asimismo, parece que promovió el Liber Sancti Iacobi como medio para difundir la devoción al apóstol Santiago, por el continente europeo y el mundo conocido. Un último detalle biográfico es que probablemente viajó a Francia y Roma.

Índice

1 Biografía
2 Construcción de la Catedral
3 Archidiócesis
4 Gobernante
5 Véase también
6 Referencias
7 Bibliografía
8 Enlaces externos

Biografía
Ruinas de las Torres del Oeste en Catoira

Diego Gelmírez pertenecía a la baja nobleza gallega y era hijo de Gelmirio, caballero y entonces gobernador, al servicio del obispo Diego Peláez, de las Torres del Oeste en Catoira, por lo que es posible que naciera en esta localidad,1 aunque también se ha propuesto Santiago de Compostela, entre los años 1065 y 1070. Se le conocen cuatro hermanos: Munio, Gundesindo, Pedro y Juan; además de otro también llamado Pedro, probablemente fruto de un segundo matrimonio de su padre.2

Destinado a la carrera eclesiástica, inició su educación en la escuela catedralicia de Santiago hasta que fue enviado por un tiempo a la corte del rey Alfonso VI. A su vuelta obtuvo una canonjia en la iglesia santiaguesa y estuvo, entre 1090 y 1094, al frente de la cancillería de Raimundo de Borgoña, yerno de Alfonso VI y, desde 1092 junto a su esposa Urraca, conde de Galicia.1 2 Fue administrador de la diócesis entre 1093 y 1094, año en el que fue nombrado obispo Dalmacio, y recuperó el cargo a la muerte de este, en 1096, hasta que él mismo fue elegido obispo el 1 de julio de 1100 y consagrado como tal la siguiente Pascua, el 21 de abril de 1101.2

Era un gregoriano convencido, al que su buena relación con la Orden de Cluny y sobre todo su contacto estrecho y constante con Roma y con el rey Alfonso VII, le ayudó a conseguir que la diócesis alcanzara el rango arzobispal en 1120, así como amplios poderes eclesiásticos y civiles, como administrar justicia o (rasgo insólito en la España cristiana, que lo separa de los nobles y lo acerca a los monarcas) acuñar moneda en Santiago.

Como representante del rey, defendió las costas gallegas de los ataques de normandos, además se unió a la proclamación que los más altos aristócratas de Galicia llevaron a cabo el 17 de septiembre del año 1111, fecha en la que Gelmirez con nobles del reino coronan a Alfonso Raimúndez como rey de Galicia en la Catedral de Santiago de Compostela. Este rey será conocido con posterioridad como Alfonso VII el Emperador.

En la crisis política que se abrió con el reinado de Urraca, la hija y sucesora de Alfonso VI, que se prolongó durante los años 1109 a 1126, se enfrentaron dos grandes grupos. El primer grupo fue el de los nobles y eclesiásticos que apoyaban los intereses leoneses afectados por el casamiento de Urraca con el rey de Aragón Alfonso el Batallador. El segundo grupo era el de los nobles que se oponían el predominio de la monarquía castellano-leonesa desde los tiempos de Fernando I, los que se agruparon en torno a Alfonso Raimúndez (hijo del primer matrimonio de Urraca con Raimundo de Borgoña) para salvaguardar sus derechos de sucesión sobre Galicia. Gelmírez acolaboró activamente con estos últimos. A pesar de este apoyo, Alfonso VII decidió en 1135 recortar el poder de la diócesis de Santiago, y obligar al obispo a pagar impuestos a la corona.
Construcción de la Catedral
Galicia Catedral.jpg
Artículo principal: Catedral de Santiago de Compostela

Era una etapa de intensa actividad constructora en Santiago de Compostela, que duró hasta las últimas décadas del siglo XII. La erección de la nueva basílica concentró los máximos esfuerzos y justifica, por sí misma la caracterización de esta etapa. Obra directamente relacionada con la peregrinación, se inició en el año 1075, según el proyecto aceptado por el obispo Diego Peláez, que exige el establecimiento de un acuerdo —la concordia de Antealtares— con el abad Fagildo por la necesaria remodelación de las existentes edificaciones monásticas que la nueva catedral imponía. Posiblemente como consecuencia de las dificultades surgidas entre el obispo y Alfonso VI, que terminaron en 1088 con la deposición y encarcelamiento de don Diego Peláez, se interrumpió la nueva construcción. Cinco años más tarde, las obras estaban nuevamente en marcha, impulsadas por el recién nombrado administrador de la diócesis, Diego Gelmírez, apoyado por el nuevo obispo Dalmacio.

A partir de ese momento, se continuaron con regularidad durante las dos primeras décadas del siglo XII, hasta la colocación de la última piedra, que, si atendemos a las indicaciones del Códice Calixtino debió tener lugar en 1122. Diego Gelmírez se nos ofrece como la figura más importante en la tarea de impulsar la actividad constructora en Santiago.

Gelmírez, siempre preocupado por el prestigio de la sede compostelana y también por resaltar el suyo propio como cabeza de la misma y señor de la ciudad, vuelve a ser punto de referencia obligado. Nos dice la Historia compostelana, a propósito de la construcción de un nuevo palacio episcopal: «Cuando él subió a la dignidad del episcopado, no sólo faltaba casa decente y congrua para un prelado, pero ni aun clérigos pudo encontrar en ella que no fuesen rudos y sin sujeción alguna a la disciplina eclesiástica.»
Archidiócesis

Sede episcopal y, gracias a los esfuerzos de Gelmírez, iglesia metropolitana, Santiago es el más importante centro de la administración eclesiástica en Galicia. Y la condición de capital de archidiócesis tiene también su reflejo en la construcción de edificios.

La mayor afluencia de peregrinos gracias a la construcción de hospedajes trajo prestigio y riqueza, y la protección del conde Raimundo le favorecía; El papa Pascual II declaró la dependencia directa de Santiago respecto a Roma como sucesora de la antigua sede de Iria, y le capacitó para exigir un tributo llamado «voto de Santiago» desde el río Pisuerga al océano, y la plena jurisdicción civil y eclesiástica respecto a iglesias situadas fuera de su diócesis.

Santiago llegó a tener 72 canónigos, siete de ellos cardenales por concesión de Roma; en 1104 obtuvo el privilegio de usar palio, y en 1120 Calixto II, concede a Compostela la dignidad arzobispal de la antigua sede de Mérida y nombra a Gelmírez legado pontificio sobre las provincias eclesiásticas de Mérida y Braga. En 1124 Alfonso VII renunció a la intervención regia en futuras designaciones de prelados compostelanos.
Gobernante

En 1105, el obispo compostelano consiguió de Alfonso VI la escritura sobre la concesión de moneda y con Alfonso VII llegó a un acuerdo beneficioso para ambos. El rey declaró el numerario de Santiago de Compostela de uso general en toda Galicia, y ordenó cerrar las cecas reales de este reino, reservándose a cambio la mitad de los beneficios que pudiese producir la ceca de Gelmírez.

La población rural estaba sometida al patrocinium del obispo, es decir, continuaba adscrita a la tierra como si fuese sierva. Sin embargo en los fueros dados por don Diego Gelmírez en el año 1113, a la diócesis y tierra de Santiago se hace mención expresa de los mercaderes: «no se embargarán las cosas de los mercaderes».

En 1117, cuando reconcilió a Urraca con su hijo, su poder e influencia alcanzaron el punto máximo, que duró hasta 1124, fecha del afianzamiento de Alfonso VII como rey.

En 1125, actuando aún como legado pontificio, el arzobispo de Santiago hizo un llamamiento a la cruzada contra los musulmanes, desde el concilio reunido por su iniciativa en Compostela.

El fondo de la ría de Arosa, a escasa distancia de Compostela, constituía un enclave estratégico para hacer frente a las incursiones normandas y sarracenas. Allí existía una fortificación, el Castellum Honesti, del que había sido teniente el padre de Diego Gelmírez, que constituyó objeto de atención preferente por parte del prelado. Fue el primer organizador del poder naval de Castilla y León, e instaló la primera cancillería: en 1128 Alfonso VII creó la del reino de León y nombró a Gelmírez canciller, vinculando el cargo a los obispos de Compostela.

En 1133 se elaboró el Decreto de precios por representantes del cabildo compostelano, los jueces de la ciudad que encarnaban el poder señorial y por delegados del concejo, confirmados por el rey Alfonso VII y el arzobispo Gelmírez.

Ya anciano sufrió la rebelión comunal de 1136, apoyada por la corona que aprovechó para recortar parte de su poder.
Véase también

Pedro Froilaz
Aymeric Picaud
Codex Calixtinus
Música de la Edad Media de España
Anexo: Fuentes musicales de la Edad Media de España
Liber Sancti Iacobi

Referencias

Burgos, 2012, p. 93.

Falque, 1995, p. 9.

Bibliografía

MORALEJO, A.; TORRES, C.; FEO, J. (Trad.); MORALEJO, Juan J., GARCÍA BLANCO (edits.), Mª José. Liber Sancti Jacobi "Codex Calixtinus". Consejería de Cutura de la Junta de Galicia, 2004.
Burgos, Juan J. (2012). «La armada gallega de Diego Gelmírez». Nalgures (La Coruña: Asociación Cultural de Estudios Históricos de Galicia) (VIII): 75–114. ISSN 1885-6349. Consultado el 13 de febrero de 2015.
Falque, Emma, ed. (1995). Historia compostelana. Clásicos latinos medievales 3. AKAL. ISBN 9788446004172.
Fletcher, Richard A. (1984). Saint James's Catapult: The Life and Times of Diego Gelmírez of Santiago de Compostela. Oxford University Press. ISBN 9780198225812.
Murguia, Manuel (1943). Don Diego Gelmírez. Editorial Nova.
Gelmírez, Diego (Traducida por Manuel Suárez) (1950). Historia Compostelana, o sea, hechos de D. Diego Gelmírez, Primer Arzobispo de Santiago. Editorial Porto.
Perelló Renedo, Esteban (2002). Unha soa bágoa. Crónica en tempos de Xelmirez e dona Urraca (en gallego). Hércules ediciones.

Enlaces externos

Biografía.
Construcción de la Catedral.
Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez.

Wikipedia

Dentro del contexto de un estudio histórico de la proyección naval de la costa de Galicia hacia el océano Atlántico, el trabajo estudia la visión estratégica del arzobispo Diego Gelmírez en su labor de defensa del litoral de Galicia contra los ataques normandos y musulmanes, tanto en lo que se refiere a la potenciación de las fortalezas y defensas costeras como a la creación de una armada gallega basada en la ría de Arousa La actividad naval en Galicia hasta la Reconquista Desde el punto de vista geográfico, Galicia se encuentra en el extremo noroeste de la Península Ibérica, encontrándose aislada por una serie de cadenas montañosas que han propiciado su mala comunicación por tierra con el resto de España a lo largo de historia. Sin embargo, las amplias fronteras marítimas de su territorio, habitado en la
antigüedad por pueblos como los presmarcos, tamáricos, nerios o ártabros, todos ellos dedicados a la pesca con embarcaciones más o menos rudimentarias, le han servido históricamente de nexo de comunicación con los más diversos pueblos de las costas atlánticas y mediterráneas. Galicia tuvo una privilegiada situación marítima como centro de comunicaciones del océano Atlántico, siendo el cabo Finisterre, con el transcurrir de los siglos, paso obligado, lugar de referencia y punto de recalada de las navegaciones llevadas a cabo entre lugares tan alejados como el Norte de Europa, el mar Mediterráneo, las costas de África y América del Centro y del Sur. Fue especialmente su riqueza en valiosos metales como el estaño y el plomo la razón por la que numerosos pueblos navegantes vinieron a Galicia desde el alborear de los tiempos. La existencia de obras portuarias de época prehistórica, como el caso del puerto de Bares, confirman estas circunstancias. Según historiadores de la Antigüedad como Pomponio Mela y Rufo Festo Avieno, el
comercio de los antiguos pobladores de Galicia por vía marítima, antes de la llegada de los romanos, se llevaba a cabo con la Armórica (el noroeste francés), Irlanda, Tartessos (el suroeste ibérico) y, dentro del mar Mediterráneo, con Cartago y Fenicia. Se exportaba desde tierras gallegas estaño, plomo, pieles y cerámica, trayendo principalmente objetos de bronce, sal y vino. Para las relaciones comerciales los gallegos utilizaban
directamente la plata, de forma preferente al dinero, además de emplear de modo usual el simple trueque de mercancías. Esta actividad mercantil era normalmente llevada a cabo mediante las embarcaciones
de los diferentes pueblos que se acercaban a comerciar a la costa gallega, especialmente las naves griegas y fenicias venidas del mar Mediterráneo, con casco de madera y palos de cofa y vela rectangular, a veces compartiendo hileras de remeros, bien birremes o trirremes. En lo que se refiere a las embarcaciones de tradición celta, utilizadas por los habitantes del país, con independencia de leyendas de periplos marítimos realizados desde las costas de Breogán a las aguas de Irlanda, abundaban las dedicadas a la pesca, normalmente llevada a cabo en aguas costeras, estando construidas principalmente
de mimbre forrado con cuero o hechas a partir de un tronco de madera de una sola pieza (monóxilas), siendo embarcaciones menores que no fueron capaces de evolucionar hacia naves de mayor capacidad.
Antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica, además de los numerosos puertos mediterráneos (extendidos desde Ampurias a Cartago Nova) y de los puertos de Gades e Hispalis en el Atlántico Sur, existían otros dos grandes puertos comerciales situados en el Atlántico occidental, el de Olisipo en el estuario del río Tajo, y el de Clunia, dotado del importante faro de Hércules, en las costas gallegas, además de
otros puertos gallegos de menor entidad dedicados a la pesca de ballena como Burum (Bares) o Caión, que indican también la existencia de embarcaciones de cierto porte para esta actividad de pesca de altura.

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